Gaditanos en el recuerdo

 

 

Doña Carmen  Pecci  "la guapa"

 

 

Los gaditanos que saborearon las tortillitas de camarones de aquella

churrera de la plaza de  deslumbrante atractivo la recuerdan con cariño.

 

 

 

Fue la reina de la masa frita, en sus tres versiones: de churro, de papa o masa y tortillitas de camarones,  que  como  le llamó  Don  José  María Pemán,  eran  "espuma de mar frita"  le puso ese nombre por inspirarse

En  el  sabor  del  rico  manjar gaditano,  que no tenía secretos para ella.

 

 

Aún hoy se canta una coplilla de carnaval que relata la historia de un

Fulano que llegó de la Habana para conocer la tierra de sus antepasados

Y que en Cádiz se volvió loco con las  "tortillitas que hace la guapa".

 

 

¿Y quién era esa guapa de la que hablaba, allá por el año 1955, el coro

"los marcianos"?

 

 

Muchos no lo habrán olvidado: Carmen Pecci,   una isleña nacida el 8

de septiembre de 1900 y que instaló su puesto de churros en la plaza de

Abastos en le año 1933.

 

 

La fama le llegó en el Cortijo de los Rosales, cuando en 1945 se organizó

Un concurso de mantones de Manila.  La churrera, dueña de una serena belleza, fue ganadora indiscutible.  A partir de ahí, a todo el mundo le dio

Por llamar a Carmen  " La guapa" y así fue conocida hasta que en 1975 decidiera retirarse.

 

 

Carmen Pecci fue una adelantada a su tiempo y supo asumir responsabilidades. Ocupó la jefatura del  Sindicato del sector de las freidurías de masa frita durante años.

 

 

Cuando asoló Cádiz la llamada  "época del hambre", tras la Guerra Civil, las churrerías tuvieron que cerrar por la falta de trigo.  La Guapa propuso

Entonces que las tortillitas de camarones se hicieran con habas molidas, cebollas y perejil.  Así y vendiendo cuarenta tortillas por kilo, abrieron las churrerías de Cádiz, consiguiendo quitar el hambre a muchos  paisanos.

 

 

A Carmen no le gustaba presumir de guapa, pero sí de limpieza.  Se mostraba orgullosa de uno de sus logros en el Sindicato, haber impuesto el gorro y el traje blanco a los trabajadores de los puestos de masa frita y exigido a todos que se levaran las manos antes de comenzar la faena.

 

 

Otra medida impuesta por la inolvidable señora en su sector fue colocar a una persona como cobradora para que nadie que no fuese ella tocase el dinero, dando la máxima  calidad e higiene  al producto adquirido por el cliente.

 

 

Muchos  de ustedes se habrán extasiado en el puesto número 3 de la plaza, también llevó el número 1.  Viendo como un fornido churrero rellenaba la jeringa de masa, y apretando con el hombro, dibujaba en el aceite  caliente la deliciosa rueda de churros, Carmen de inmaculado porte, servía los papelones manipulando y cortado de la masa con unas tijeras.

 

 

Luego a las tiendas de "El arco", "Merodio", " El cuco", " La Alambra" o

" El moderno"...

 

 

Era normal decir vamos mañana temprano a la plaza y en el puesto  de la guapa compramos los churros y después el cafelito en cualquier mesa libre que pillemos enfrente.